sábado, 28 de febrero de 2015

HISTORIA II: "Black Rouse". Capitulo 7. "Uno de los nuestros"

                  

     “Uno de los nuestros”

 La noche cubría el cielo azul. Las estrellas, pequeños y diminutas lucecitas comenzaban a adornar el basto e infinita cúpula celestial. La luna, que mostraba su completo rostro, se miraba ante unas aguas extrañamente apaciguadas. El océano Atlántico, también ofrecía su tregua para todos aquellos navegantes, que querían desafiar su suerte ante las turbulentas mareas de los mares del oeste de África. Sin embargo, todo parecía estar tranquilo.
El sonido de la madera vieja y húmeda, abastecida de agua salada, sonaba con la brisa como una “nana” que adormecía al más despiadado de los piratas del Asha-Nari. Tan solo los candiles de grasa de ballena, representaban una coreografía en su pequeño escenario de cristal, donde las danzantes flamas iluminaban a espectadores embriagados y adormecidos. En la mazmorra del barco, cerca del almacén de carga, donde Narea se encontraba con su gente de Nomaitu, se oían voces en susurros y hablando entre ellas. “Jana” hermana de Narea, se le acercó a su regazo. Tenía frío y mucho miedo.
Se acurrucó entre sus muslos y pecho, como si fuera una niña de 7 años. Jana no había tenido tanta mala suerte como las demás, al parecer la suerte aún le sonreía, a pesar de todo lo acontecido los últimos días. Era la joya de su tío “Ghadah”. Todas y cada unas de las siete primas, eran sus perlas de mar, pero “Jana” era su tesoro mas preciado. No solo por su tío, sino por todos los del poblado. Era una de esas niñas tan especiales en que los dioses le habían dado el don de “ángel”: buena, graciosa con todos, agradecida y sin ningún tipo de maldad en su corazón, generosa y muy bonita.
Narea le acariciaba el revoltoso cabello negro.  Tenía 15 años, uno más que ella. Las dos eran “mujer” y listas para ser esposa y madre. Preparadas para llevar una choza con bastantes gallinas y cabras, para tener hijos y ampliar el pueblo de sus ancestros y honrar así a su padre y madre.
Que tan distinto era de sus más ansiados sueños. ¿Por qué estaban allí? Ellas no se merecían esto.
Narea recordaba mientras juntaba su mejilla con el cabello de Jana. Cerraba los ojos y pensaba en muchas cosas…
“cuando corrían por la pradera junto con las flores, deshaciéndose de los grilletes en forma de “cazo” de madera para llevar el agua como tantas mañanas y se ofrecían así mismas unos momentos de diversión. Corrían y corrían, a pesar de estar agotadas por las infinitas tareas que supone ser una mujer nigeriana en aquellos tiempos. Pero cuando llegaban al punto más alto, abrían sus brazos para sentir el viento con toda su grandeza. Sonreían, por que sentían que volaban, como los pájaros “libres” y pudiendo ir a cualquier parte del mundo.”
“ O cuando llegaban al río, en una parte donde el fango era sutilmente engorroso y blando, jugando mientras las demás las miraban cuando iban a recoger el agua para llevarla a sus chozas de adobe.”
“En uno de esos y tantos recuerdos, cuando tan solo tenían a penas 6 y 7 años de edad, Jana le dijo.- “Narea, tu siempre serás mi hermana… ¿sabes?... cuando te cases, yo también lo haré. Te presentarán a un hombre grande y rico y yo también  y las dos siempre estaremos juntas… juntas para siempre.”.- Las dos se miraban y se reían..”
Narea recordaba aquel día como si fuera ahora mismo, pero sin sonrisas ni sueños. Un lagrima se le escapo de su ojo, mojando calidamente el cabello de una Jana ya dormida.
Pero en aquel lugar, no solo estaban despiertas ellas dos. Una de las hermanas de Narea , “Adah” cuchicheaba con uno de los guardas.
.- ¡No!.. (dijo apartando las manos sucias de aquel intruso, que se había atrevido a entrar en aquella jaula de madera y hierro colado)
.- Vamos… un poquito…
.- *¡Que me dejes!* (dijo en su idioma Nomaitu)
En aquel instante, sacó un cuchillo y se lo puso ante el pecho. Adah, quiso gritar, pero el marinero le puso la mano en la boca. Esta le mordía sin que este se percatara del dolor. Se preparó para realizar el acto deshonroso y dejó el cuchillo en el suelo.
Entonces, “Lehana” la hermana mas mayor de Narea, se percató de la oportunidad. Ella mientras era empujada hacia uno de los barriles repetidamente por el audaz pirata, embistiendo a Adah con un éxtasis descontrolado, miró a su prima Lehana. Tan solo bastó su mirada para decirle que tenía que hacer.
El puñal, entro con tal sutileza, que parecía estar perforando un saco de harina. La fuerza de aquel violador, cesó en un instante. Las dos, se quedaron mirándose…
                           
                              *       *       *

.- Señores! Caballeros! Jodidos hijos de perra! … (Decía Assur el persa, con un cuchillo manchado de sangre casi seca). Todos sabemos, las leyes del mar. Cada uno sabe que cuando decidió embarcar en el Asha-Nari acataba las normas del capitán Nacrowell.
Todos estaban reunidos en cubierta.
El sol, comenzaba a salir por el horizonte.
Assur el persa, hablaba desde el castillo popa a todos los marineros presentes. Un cuerpo sin vida y apuñalado a bocajarro con su misma daga.
.-… a no ser que todo esto sea un accidente,  y que el pequeño “Jim” se haya caído y clavado varias veces ese puñal en la espalda…Pero no ha sido así. Tengo constancia de ello. Púes curiosamente, hoy el cocinero fue a buscar un saco de avena, para preparar el desayuno para todos…¿y que encontró?.. “la celda abierta”. No solo hay un asesino a bordo,… las puertas no se abren solas… así que tengo tan solo dos preguntas. A babor, hemos preparado “el tablón” (tabla donde se tiraban a las victimas al mar, para que los tiburones hiciese su festín). Si ninguno de vosotros responde, “Zuru” escogerá a diez marineros al azar.
.- Las preguntas del Persa son ¿Quién era el encargado de las llaves? Y por supuesto, ¿Quién mato a Jim? (Dijo Zuru)
Todos comenzaron a murmurear entre ellos.

                             *          *         *

.- *¿que hiciste con el?* (dijo Adah a su prima Lehana)
.- *Lo deje fuera* ( Dijo Lehana)
.- *¿y la daga?*
Se puso las manos en la cabeza.
La mazmorra tenia una obertura que se podía ver la cubierta a trabes de unos barrotes de madera, una escotilla con rejilla, permitía ver el exterior y oír perfectamente lo que pasaba a fuera. Las dos discutían en silencio, hasta que uno de los marineros las hoyo hablar entre ellas.

Jana, se había despertado. Estaba incomoda, y se puso nerviosa. No era por lo que pasaba a fuera, ella al igual que las demás, no entendía el idioma de aquellos mal nacidos, y no le importaba lo que discutían su hermana y su prima.
.- *¿Que pasa?* (Dijo Narea, al notar que estaba temblando de miedo)
Narea noto algo húmedo y pegajoso entre sus muslos. A Jana, como a toda mujer, le había venido el periodo. Y su prima no dudo en arrancarse un trozo de su pobre vestuario. .- *sssss.. tranquila… no pasa nada…ssss”*.-

                     *          *          *

.- ¡Hacerlas subir! (Dijo el capitán Nacrowell)
Furiosos, todos las miraban.
En cubierta, las pusieron en fila, para que todos pudieran observar algún tipo de prueba para saber quien de ellas había matado al pequeño Jim.
Lehana, se escondió las manos: aun tenía restos del crimen entre sus uñas. Sin embargo, todos los ojos se clavaron en Adah y Jana.
No había duda.

Primero subieron a la tabla al sr Jatson, le tocaba el turno de noche y por supuesto tenía las llaves de la celda.
Desde cubierta, tiraron un cubo con restos de ratas recientemente troceadas al mar. Al instante, las deltas de aquellos endemoniados peces, surcaban cerca del Asha- Nari.
Una Tabla, que sobrepasa dos metros al exterior de la cubierta, detrás un sable apuntando la espalda del señor Jatson.
.- Por favor señor…piedad!
Assur el Persa, no dudo en golpear la tabla, la victima con tan mala suerte golpearse la espalda con el canto, mientras veía como una horda de tiburones esperaban el deseoso acontecimiento.
Desde cubierta, se veía como desaparecía en un instante.
En el mar, los tiburones se estaban dando un banquete.
El siguiente turno, fue Adah.
Todas gritaban. Los marineros las golpeaban haciéndolas retroceder, mientras que dos de ellos despojaban de sus harapos a la querida Adah. Una vez desnuda, le obligaron a pasar por la tabla.
La brisa soplaba suave aquella mañana. No hacia frío. Adah caminaba titubeante por aquella temblorosa tabla de madera. Tenía los ojos mirando hacia el horizonte, pues no quería mirar abajo.
Narea miraba, a su prima como si todo aquello fuese una terrible pesadilla. Recitaba en sus labios alguna oración a unos de sus dioses para que algo pasase y le salvase la vida en aquel mismo instante. Pero… no fue así.
De los labios de Adah, salieron un extraño *.- A dios -.* Susurrante al viento, pero captado completamente por sus hermanas y primas.
En aquel momento, desapareció. Ya no estaba.
Algo explotó desde lo más profundo de Narea. Todas gritaban y los marineros no eran suficientes para retener aquella fuerza que comenzaba a ser descontrolada.
Espadas y sables, puñales y dagas, señalaban al sequito de las victimas, golpeándolas y arrumbándolas hacia una esquina como meras ovejas en el matadero. Algunas recibieron un golpe tan fuerte que le sangraba la boca, otras no se movían por que estaban vomitando por lo que acababa de aconteceder… En Narea, sentía algo en su interior, que comenzaba a tener posesión de si misma. Valor o Rabia, que quería salir de su cuerpo, como un felino atrapado en una de esas jaulas del mercado. Miró hacia abajo, para no dejar ver su fuego ya prendido.

.- ¡Tu! (dijo Zuru, al señalar a Jana.)
Jana, se agarró a Narea con tanta fuerza, que le arañaba los brazos. Lehana, que sabía lo ocurrido y lo importante que era su prima pequeña para su padre, dio un paso al frente.
Sin embargo, uno de los marineros, le ofreció un codazo, dejándola en el suelo.

Zuru la cojio y se la puso como un saco de patatas en su musculoso hombro. La deja en el madero y seguidamente le señala con el sable.
¿Qué podía hacer?
Jana, a gatas, fue caminando hacia atrás.
Assur el Persa, golpeo la tabla para se cayera. Pero esta se quedó suspendida en el aire, amarrándose con sus dedos  la tabla. Entonces, volvió a golpear con su pie y el madero temblaba, mientras Jana gritaba.
.- Assur! Por dios! Acabad con esto! (Dijo el capitán desde el castillo de popa.)
Entonces, el persa, sin ningún miramiento cogió el candil aun encendido y lo estampo contra la tabla. El fuego fue quemando los dedos de Jana, hasta dejarse caer al agua.

En aquel momento, donde parecía que no existieran los héroes, una pequeña joven de 14 años de edad, comenzó a correr como alma que se la lleva el diablo. Esquivando a cada audaz marinero, y quitando de la funda un sable en su movimiento. Saltando, como si lo hubiese hecho toda su vida o como si algún poder sobrenatural tocado por los mismos dioses de la tribu de los Nomaitus, Narea repartía empujones y arrebataba otro sable en su heroico acto. Salto las llamas de la tabla, como si el fuego no le hiciese nada. Todos se quedaron atónitos, al ver aquella infeliz saltaba a un agua infestado de tiburones.
En el mar, en la profundidad, Narea desplegaba sus brazos “en delta”.
 Los demonios del mar, se dirigieron hacia la exquisita Jana. Narea los esperaba a cada uno de ellos.
Como un tigre bajo las aguas, se defendía con sus zarpas en forma de sables. La técnica del “Sackdum”, que le enseño su padre, le permitió destrozar acada engendro que se atreviera tan solo rozar sus dientes a su prima.
¡Sorprendente!
Decían los marineros del Asha-Nari. El capitán Nacrowell estaba como los marineros: No se lo podía creer.
Todos aquellos piratas, alababan aquella hazaña como uno de los suyos. Gritaban y silbaban.
Assur, el Persa, se le revolvía el estomago ante tantas alabanzas.

.- ¡Capitán! ¡Barco a la vista!

                    *         *         *

.- Señor! ¿Habéis visto eso? (dijo Esteban mientras que contemplaba a distancia todo lo que había pasado en el barco)
El Capitán James Nork, el tuerto. Sinceramente, no tenia palabras. Desde su catalejo, había visto como una mujer de color se lanzaba al abismo para salvar a una persona, sin importarle en absoluto su vida. James, en aquel instante, dejo de mirar…
.- Capitán ¿no os recuerda a alguien?

El Capitán miró a Esteban.