sábado, 21 de marzo de 2015

HISTORIA II: "Black Rouse". Capitulo 9. "La hija predilecta"

                           

 “La hija predilecta”

Todo parecía distinto. Extraño, raro, y lleno de incertidumbre. Como el muro de una ciudadela ante el asedio inminente; fiel en su disciplina y propósito, objetivo de mantenerse en pie ante los constantes golpes de sus atalayas de madera, cuero y cuerdas de rafia. Soportando todos y cada uno de los impactos que ofrece la mera condición de ser mujer en mundo de hombres. Condena, de piel tostada como las tierras de Nomaitu al nacer el sol en el horizonte, sello injusto marcado por el imborrable hierro del destino, que incandescente y recién sacado del crisol había marcado como esclava a Narea por los restos de su miserable vida.
Nadie podía sentir mas que ella, la tormenta que recorría en lo mas profundo de su ser. La rabia, ansiosa de saciar su hambre, se mantenía inquieta y protestante, pues  no había más dientes que apretar. La injusticia cegaba su visión, reclamando la parte más siniestra del ser humano.
Cada vez que recordaba, al Persa detrás de Jana, sonriente y acariciando su melena.
Atada por la distancia entre los dos barcos que se alejaban del uno al otro, Narea se sumergía en las tinieblas para invocar a los dioses más tenebrosos, cuando el favor del destino le estaba traicionando.  Las palabras amargas y feas cobraban más sentido que nunca en aquel mismo instante.

Jana, su prima, se alejaba como una flor en la corriente de un riachuelo, surcante y medio ahogada a merced de su propio sino, arrancada cruelmente por los caprichosos poderes de lo incomprensible, cuyo aroma se desprendía de sus pétalos empapados y fundiéndose con la esencia de su nuevo amo las bravas aguas.
Un adiós eterno, que se había clavado como una mala astilla en lo más profundo del corazón de Narea. Sangraba invisiblemente, como lo hacen las personas que sufren por haber perdido lo que mas amaban en este cruel mundo de hombres. Incluso “el habla”, había perdido su fuerza. Pues durante varios días y a pesar de que sus palabras tuvieran otra pronunciación, no poseían el tesón de siempre. Herida por el alma y sin tocar su dulce piel semi-oscura, sin ningún tipo de proyectil ni disparó de asaltante, perdía mas que su poca dignidad por aquella brecha realizada por la imputación de una parte de su corazón. Su alma ya errante, no tenía sentido. No importaba  si uno de esos mal nacidos quisiera catar lo que toda mujer posee por derecho de naturaleza.
Acurrucada en un rincón de sus aposentos en “el Sophie” y con la mirada en el reciente pasado, se desprendía de la comida servida en plato de madera y copa de cerámica. Su compañía, un candil de aceite suspendido y tambaleante como el fiel asistente de taberna, un lecho confortante de sabanas y paja y la constante presencia de un marinero como sirviente tres veces al día. Para ella aún estaba encerrada, a pesar del buen servicio de su nuevo alguacil.
En aquella nueva estancia, incluso los fantasmas de sus padres habían desistido en aparecer durante esos días. Los sueños, se habían borrado con el va i ven de la marea en intrépidas aguas atlánticas. Solo el silencio le sonreía. El silencio y la rabia que no cesaba de recorrer por cada parte de sus músculos agotados de tanta tensión acumulada. No comía. Los consejos de una madre sabia y protectora de sus hijas, se habían quedado atrás en el otro barco, pues ahora ocupaban mas otros pensamientos donde el miedo no existía. Aquel lugar, estaba forjando su carácter. Y su mirada y salpicada por la esencia del cielo y el mar, se tornaba fría y oscura.
Su corazón sangraba callante, silencioso y desapercibido.
En su cabeza, solo existía una sola palabra: “¡Venganza!”

                        *          *         *

.- ¿Me habéis llamado capitán? (dijo un joven de rasgos árabes)
.- ¿Abdul?, si… acercaos… (Dijo James Nork el tuerto)
.- Decidme… ¿ y como esta nuestra invitada?
.- Señor, todos se cuestionan por que una negra esta en el camarote de los invitados. Desean saber, por que el capitán no deja que su tripulación disfrute de los placeres de la vida.

El capitán James, estaba de espaldas. Y Abdul, no se percato de que se comenzó a irritar cuando le explicaba los motivos de  unos marineros inquietos.
Habían pasado varios días desde que se habían vuelto a surcar en las tempestuosas aguas del atlántico. Durante la travesía habían surgido varios botines sin éxito por parte de unos marineros que codiciaban los tesoros de abordo, todo gracias a su fiel aliado Abdul “el Maestro”.

Abdul ed Zidan, de origen berebere, y criado en las tierras del desierto al Norte del Sudan. Esclavo de los Mamelucos en 1360, donde fue instruido en el arte de las armas y el combate cuerpo a cuerpo bajo la tutela de uno de los generales más importantes del Sultanato Egipcio. Maestro en Matemáticas, estrategia, y ágil en los menesteres militares. Paciente, disciplinado, silencioso y callado. No lo conocían por su sable de ancho filo, ni por la defensa y ataque de cuchillo en enfrentamientos y disputas en el que el contrincante salía mal parado, ni mucho menos. A Abdul “El Maestro”, lo conocían por la habilidad de sus manos y su extraordinaria agilidad malabarística. El apodo, no provenía de un hombre que sabía mucho, sino del termino asiático de “sensei”, “Maestro en chino”, por sus frases encriptadas y respuestas sin sentido al instante, pero llenas de una sabiduría sin parangón. El consejero ideal de un capitán en medio de un mundo en que el poder acechaba en cualquier parte y rincón de las infinitas aguas de la tierra.
El capitán James Nork, se había ofendido.
.- Contened vuestra ira, señor. (Dijo Abdul, como si percibiera el estado de animo del capitán)… dejad que todo fluya… vaciad vuestra mente.
.- A… Abdul, lo se… pero no paro de pensar en ello.
.- Es cierto, se parece… pero todos los árboles también son iguales, sin embargo su fruto los hacen distintos entre ellos.
.- ¿Que debo hacer? ¡No puedo venderla como una ramera en Argelia!
.- ¿Quien os lo impide?
.- ¡Por el amor de dios! ¡Es una cría!
.- Pero es vuestra. La ley que nos gobierna a todos, no os castigará por ello. Antes era de Nacrowell, ahora es vuestra.
.- ¿Que queréis decirme..?
.- Que saciéis vuestro apetito, señor. El agua es hermosa y bella, pero para poder vivir precisáis de beberla.
El capitán James, se sentó derrotado..- querido amigo… no se que hacer… no puedo hacerlo.
.- Entonces… haced como hacen los babuinos cuando encuentran a una cría  sola y a merced del destino.
.- ¿el que?
El capitán miraba al árabe. Estaba de pie, con sus ropajes y vestimenta implacable contrastada con la incoherencia de los atuendos de sus marineros, sucios y desgastados por la travesía. El icono de la disciplina, la fe inexpugnable y la paciencia de un arquero.
Después de un silencio.
.- Haced que sea vuestra primogénita.
.- ¡Por los maderos de este barco! ¿Os habéis vuelto loco?.
.- Cuanto más vais a sufrir, señor. Por lo que se de vuestra mujer e hija, ya hace tiempo que no se encuentran entre vos. Y por lo que se, y creedme cuando le digo, que a este barco tan solo le quedan tres venturias.
.- ¿Estáis llamando Carraca a mi barco? (El capitán se levanto enfurecido desde su asiento, golpeando su mesa de despacho. El árabe, ni se inmuto)
.- ¡Por supuesto que si!
.- ¡Os voy a rajar como un cerdo, como sigáis por ese camino!
.- ¡¿de que teméis?! ¡¿a quien tenéis miedo?! Os conozco, James Norfolk, mas que Estevan, y si hay algo que os a consumido durante todos estos largos años, no ha sido las tantas contiendas en la mar y en tierra firme. Ahora disponéis de una carga de oro y plata en vuestras bodegas y una mujer que podría ser vuestra hija. Y me pregunto ¿ por que el capitán no se retira de una vez y comienza una nueva vida? Por que esta llevando su barco viejo dando vueltas, como si no supiese lo que quiere realmente? Yo os pregunto a vos ¿de quien tenéis miedo?.
Allí estaban los dos. Frente uno al otro. Abdul, tenía razón. Ya era hora de que dejase atrás esa culpa que lo había perseguido durante décadas. Pero James, el capitán Nork el tuerto, también tenía sus razones, pues en su pecho reinaba una herida muy profunda que nunca había cicatrizado. El pillaje junto con su amado barco, cuyo  nombre era el de su difunta mujer, le hacía sobrevivir día a día. Las aventuras y la piratería junto  con  aquellos mal nacidos, le llevaba a sentirse distinto y vivo. No quería pensar, que le pasaría si llevase una vida normal; sin el tacto y las caricias de su Sophie en un lecho frío y vacío. En el interior del barco, creía sentirse al lado de ella  y los maderos húmedos y salados de aquel viejo navío, le transmitía ese calor tan ansiado desde que le dejó. Su locura no tenia remedio.
Ese era su miedo. Su soledad, y que el resto de sus días fueran consumiéndole poco a poco. Si debía morir, lo haría en ese mismo barco.

Abdul, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta. La abrió y le dijo. .- incluso, el árbol mas viejo, es importante para el que es mas pequeño, Capitán. ¡Enterrad a vuestros difuntos de una vez por todas!... y comenzad a vivir.

                                     *         *        *

A la mañana siguiente. Por orden del capitán James Nork, Abdul se presentó en el camarote del castillo de popa, ante Narea. Ella le miró fijamente, con rabia como si tuviese al mismo Assur el persa delante de sus narices. Pero Abdul, paciente y disciplinado le habló.
.- Traducid mis palabras (Le dijo el árabe  a un hombre de color que lo acompañaba).
.- A partir de ahora voy a ser vuestro maestro. (Decía en el idioma nigeriano, el marinero de color)
Encima del taburete le dejaron unas ropas limpias.
Finalmente, Abdul, antes de cerrar la puerta.
.- Si vais a ser la hija y primogénita del capitán, deberéis aprender a ser como tal.
Narea, enfurecida, lanzó uno de los cuchillos del servicio que le habían entregado junto con el desayuno  hacia Abdul. Este lo cogió sorprendentemente con los dedos, sin moverse del lugar.
.- ¡Arrogante! Despojaos y cambios de ropa. Os espera un largo día.
                                

                                    *       *       *