domingo, 29 de marzo de 2015

HISTORIA II: "Black Rouse" Capitulo 10 "La rosa del Mar"


                         “La Rosa del Mar”

Año 1390
En el Atlántico-oeste, 1400 km del puerto de Lisboa, un archipiélago surca solitario en la grandeza del basto océano. En una de esas islas, en la bahía, un pequeño asentamiento de pescadores, formado por 8 humildes familias que habían aprendido a gestionar todos los recursos necesarios para fundar un pequeño espacio para si mismos, vivían según los dioses de la antigua Galia: casas de planta circular al estilo celta, cabellos largos y vestuario combinado con la tradición de “la Galia Comata”: el nombre que Tito Julio Caesar le puso a las tierras conquistadas de los Galos.
Las palabras de los representantes del dios cristiano y las doctrinas de los emperadores, llegaban a todos los rincones de todas partes del mundo conocido, sin embargo nunca tuvieron la suficiente fuerza para atravesar aquellas endemoniadas aguas, con lo cual, el estilo de vida de los aldeanos, se regían con las mismas doctrinas que antaño, las mismas que el emperador Augusto había proclamado por toda Galia, cuando declaró las tierras conquistadas por Tito Julio Caesar en provincias de Roma.
Para las  familias de “Azor” a finales del siglo XIV, el mundo estaba gobernado por los romanos, para el resto de Europa, África y Asia, ellos existían como “Isla “Espolón” o “isla de Rodas” la ultima frontera.
Nadie era tan necio, para surcar las aguas y toparse con los monstruos marino que contaban las infinitas leyendas de taberna, como la del “Craquen” el calamar gigante con sus enormes tentáculos, o la de la serpiente Marina, que enroscaba el navío para hundirlo al profundo abismo, o las sirenas, que en la ultima frontera, cantaban las epopeyas de amor para cautivar a los marineros y hundirlos en las  aguas de sus arrecifes para  devorarlos despiadadamente. El mundo conocía el “imperio de las aguas saladas del gran “Oceanus”. Y nadie quería saber, si aquellos locos que hablaban de una tierra redonda, era realmente cierto. También, en las tabernas de los puertos mercantes, se contaban historias como la leyenda del “velo de Efemides”: una niebla negra y espesa que flotaba errante tras atravesar la líneas de las isla Espolón o Rodas, Las hijas del anciano del mar, que en tiempos del diluvio universal, “El señor”, les concedió una prueba de lealtad y de corazón puro antes de sucumbir al castigo eminente… “Todas mostraron su osadía de desear ser inmortales y zafarse del destino de los hombres. Todas, menos una.”

En el asentamiento de “Azor”,  llamaban esa misma leyenda como “La rosa del mar”.
En los primeros años de la colonia, en las playas costeras, apareció la hermosa figura de una mujer de madera. Un mascarón de Proa, en forma de sirena. Una escultura muy bien elaborada, trabajada con mucha delicadeza y  por algún maestro fuera de su tiempo. Sus ojos cerrados y al mismo tiempo llenos de sentimiento cautivaron los corazones de los ciudadanos, les recordaba a la antigua  leyenda  de Oceanus, el anciano del Mar y sus cinco hijas: las Efemides.
La pequeña de las Efemides, “la rosa del mar”y según el mito, una joven de cabellos dorados como el sol, rizados como hilos de oro, cuyos ojos eran verdes transparentes  como esmeraldas, de labios rojos como el carmín y piel tan blanca como la luna, contrasto su deseo con el resto de sus hermanas cuando pidió ante el Dios Poseidón, que le permitiera presenciar la otra parte de su alma. Este percibió pureza en sus palabras y  transformó  a la joven en una hermosa sirena.
 Los ciudadanos de Azor, sorprendidos del hallazgo expusieron la escultura en una de las cuevas para honrarla como una deidad. Su bella historia, merecía ser respetada, pues transmitía el mortal deseo de lo imposible.
Anteriormente, los tifones, muy típicos en aquella localidad, habían desbastado las tierras de Azor, sin embargo, cuando tuvieron a la rosa del mar en su regazo, las tempestades que asediaban la humilde morada de los aldeanos, cesaron. Cuando el cambio de los vientos, propiciaba el desafortunado encuentro con el poder de Poseidón, de la cueva, se escuchaba  el canto mas bello que el mortal pudiera presenciar: La rosa del mar, disolvía la ira del dios del Mar, como Orfeo con su lira conquistando el corazón del Ades en su paso en el inframundo. El canto, cuya canción reclamaba su deseo no cumplido aun, deshacía las nubes grises y amansaban las aguas de las costas.
La honraban. Y amaban su historia y derecho no cumplido. Sabia, que callada y con ojos cerrados, pensaba en aquel encuentro imposible de lograr. “El amor verdadero no existe” solían decirse entre ellos, cuando contemplaban a la silenciosa rosa del mar.  Sin autor y sin artista al que mencionar, los aldeanos de “Azor”, hablaban de que  fue “la diosa blanca” que la trajo de los rincones más profundos de las estepas eslavas, para que el destino de todas las cosas imposibles de lograr pudiera seguir su curso, en aquella tierra del fin del mundo.  Habían sido escogidos, por su destino y afinidad, pues ellos también se encontraban ante una promesa no cumplida. La de ser los primeros en encontrar un nuevo mundo tras la frontera.

En tiempos de Augusto el emperador romano, habían llegado noticias sobre la existencia de otras tierras mas allá del horizonte. Una tierra donde el hombre había sido creado en arcilla por el mismo Prometeo. Pero, “El velo de efemides”, el guardián de la frontera con el mundo de los dioses, no permitía que las galeras continuarán con su destino. Azor, fue su casa desde entonces, y la idea de ser los elegidos por los dioses romanos, les hizo resistir durante todo ese tiempo. La rosa del Mar, deseaba algo imposible de lograr, al igual que ellos al mantenerse firmes en medio de la nada y en la palma de la mano del basto océano Atlántico.

Con el devenir de los tiempos, solos y sin saber noticias de Roma, “Azor” vivía sus costumbres como siempre. Hasta llegar a finales siglo XIV, cuando el segundo convoy respaldado por el estandarte de las cuatro barras de sangre, pudo llegar a las costas del archipiélago.
La flota, demacrada por las dificultades de la travesía, anclaron por fin en la bahía. Los aldeanos, no tardaron en coger sus galeras para aproximarse a la nao principal de la flota Aragonesa. Con ellos traían; vendas y medicinas, pan de arroz y de semillas, cerveza fermentada y licor de lo que llamaban “Patatas”.
Los marineros, que  estaban exhaustos, hambrientos y sedientos, se recuperaban en unas de las despensas vacías de los almacenes de la localidad de Azor.
Las mujeres, ayudaban a curar las grietas de la piel y las heridas ocasionadas durante la trayectoria. Hubo muchos botines durante el viaje, junto sacrificios paganos para que todos pudieran comer. Ellas se sobrecogieron al ver que a muchos les faltaban dedos o brazos. No quisieron preguntar, era evidente al ver las bodegas vacías, de lo que había pasado durante aquel duro trayecto.

.- Beber un poco mas, señor… (dijo uno de los sirvientes)
El capitán Jon Nacrowell, había perdido más de 10 kilos. Sus manos no podían ni sostener aquella vasija para poder darle un sorbo. Los labios cortados y llenos de llagas, hacían que la medicina cayera por los laterales de su tremenda barba descuidada. Su único ojo bueno, no podía presencia, la virtud del sujeto que lo estaba cuidando con esmero.
“Los designios del destino” pensaba para sus adentros…
El gran pirata del Asha-Nari, contemplaba vagamente los maderos de aquel lugar. Imágenes borrosas, en que la mente de un hombre corrupto y despiadado con sus victimas, se permitía el lujo de ser cuidado por las mismas personas a las que no dudaría en rajar y saquear, si pudiera mantenerse en pie. Se reía burlándose de ellos, que no sabían a quien estaban medicando. “Necios, estúpidos…” tosía entre sonrisas. Sabía que pronto seguiría con su hazaña, a pesar de las buenas virtudes de los que le ayudaban. Tenia, el placer de observar la próxima carnada, a pesar de de haber sido consignado a ser el representante de la fragata para llegar a la isla de Espolón. Tan solo se lamentaba de no tener fuerzas ahora, ya que su sable reclamaba sangre, mientras que toda su tripulación estaba completamente nula, desde sus posesiones de cuero viejo y desgastado, el afilado del metal conservado temblaba la hoja hasta la empuñadura, como si estuviera viva ¿era la droga de aquella medicina? ¿O el deseo de sentir ese sentimiento de matar sin importar las consecuencias?.
El salvoconducto, de un asesino a cambio por conseguir lo que los catalanes llamaban “La plata azul”, documento que se asomaba con cierta vergüenza del zurrón de cuero le hacia  Sonreír,… mientras le dolía todos sus huesos. Los catalanes, lo habían contratado, creyendo ellos, que su destino iba a ser el naufragio durante la descabellada misión de atravesar el océano Atlántico. Nada que ver con lo ocurrido.
Desde aquel lecho de paja, recordaba todos y cada uno de los acontecimientos duran la odisea: Los tantos botines por parte de una tripulación miedosa y sin ningún sentido del valor, las elecciones entre los marineros cuando la comida escaseaba y como sacrificio para que los demás pudieran comer sin importar que fuera carne de cerdo o de pollo, y finalmente recordaba, el tacto de aquel mineral plateado en la palma de su mano como si fuera polvo de oro.
.- “La plata azul”.- Sonreía y mirando su palma vacía. Aquel material en diminutas proporciones iguales a los granos de arena de la playa, fría y tan volátil con el viento, iba a permitir que la Corona de Aragón, pudiese reformar su flota naval para conquistar  la península de Anatolia y ser los dueños de todo el mediterráneo. Aquello iba cambiar el mundo. La forma de luchar en galeras, iba a pasar a la historia si aquel mineral llegaba al puerto de Barcelona.
Cuando devolvió “el Carolina”, esperando ser recompensado por ello, fue encarcelado y justiciado por el comité de “la cámara del comercio del Mar”: Banqueros de prestigio, nobles y mercaderes importantes, cuyo único objetivo era dominar todos los puertos del mediterráneo, los representantes de un imperio que pretendía ser desmesuradamente poderoso y grande. Sin embargo, antes de su encarcelamiento, pudo contemplar como encima de la mesa, habían  unos planos de un tipo de navío sorprendente jamás imaginado:“Los acorazados”. El persa, no se había equivocado. Y Nacrowell, en aquel instante no dudo en expresar su codicia a pesar de su inminente ejecución en la plaza pública de Barcelona. Tal vez si hubiera sido otro, no hubiese tenido tanta suerte…pero era el pirata más conocido por Argelia y Marraquesh, y aquello le permitió una auditoria ante los regentes aragoneses en la cámara. La plata azul a cambio de su libertad.
.- ¡Necios!

Al cabo de una semana. Cuando gran parte de la tripulación extranjera había recuperado sus fuerzas, “Azor”, ardía en llamas. El pirata había dispuesto el suficiente tiempo para pensar.
En Mumbasa, tras vender las esclavas nigerianas por los puertos de África, no le creyeron cuando habló a sus semejantes del terrible diseño que los aragoneses pretendían construir en las drassanas del puerto de Barcelona. Solo, tramo un plan junto con el astuto Assur el persa: Apoderarse de lo más valioso de los catalanes y reclamar un rescate.
Pero Nacrowell, había tenido tiempo en pensar. Desde hace un siglo, la compañía naval catalana, había surcado el mar mediterráneo y conquistado tierras de los genoveses, incluso habían llegado a la ciudad de Atenas y Neopatria, haciéndolas suyas. Aquellos mal nacidos aragoneses, debían de residir en las profundidades del mediterráneo, sino el destino de los piratas se vería en tremendos problemas. Tenía un nuevo plan. Y para ello, “Azor” debía de ser suyo.

El capitán Nacrowell, tan solo se había ocupado en desmantelar el poder del gobernante de la isla, para hacerla suya. Su estrategia, era que los barcos catalanes, se mantuvieran anclados en la bahía hasta nuevo aviso, a cargo de Assur el persa el nuevo gobernador de Azor.
 Los barcos catalanes, habían servido bien al propósito del capitán: resguardar por un tiempo lo que en sus bodegas almacenaba.  .
Todo iba conforme al plan. Los barcos de los aragoneses, eran suyos, junto con la plata azul y por si fuera poco, poseía unas ricas tierras en medio del océano atlántico. Tan solo faltaba convocar un generoso rescate y que la gran compañía catalana, picase el anzuelo.
El resto de los piratas, aceptarían de buen grado asistir, una vez listo todo, a la gran trama de Nacrowell: Destruir la flota naval catalana y enviarla al profundo abismo del Atlantico.