viernes, 29 de mayo de 2015

HISTORIA I: "La reina de la lluvia". Capit 13 (Actualizado) "La Marca"




“La marca”

(Jerusalén, año 1099)
Como un reflejo del cielo en la tierra de los hombres, los puntos equidistantes de las antorchas a lo lejos, parecían flotar como  las estrellas en el firmamento. Tal  cual mas cercano, se podía percibir las colosales murallas de la ciudad de los antiguos y derrotados regentes, los musulmanes, el baluarte de grandes brazos de piedra, potentes y protectores de la fortificación mas importante de oriente, “Jerusalén”.

Un hombre corría por las escalonadas calles de la ciudad, como si una horda de demonios le estuviera pisando los talones. Escondiéndose, de vez en cuando y ocultándose en las esquinas más oscuras para recuperar su aliento. El hecho de salir de “Gólgota” y no ser visto por los guardas, no había sido tarea fácil, sin embargo ofrecía una exquisita recompensa. Aquellas tres piedras negras del lugar donde el Mesías fue crucificado, le propiciaría a su portador una  gran suma de monedas de oro.

Sin embargo, no estaba solo. Alguien más que la fresca brisa de la noche, le observaba desde las alturas. Un individuo con túnicas negras, que cimbreaban con la corriente del aire del desierto y con la cara tapada, prestando nada más, que sus ojos marrones, que desde la altura contemplaba como el sujeto mostraba su mas preciado hurto. Dos armas tras la espalda, tapadas con los mismos harapos grisáceos, negros y oscuros como su vestimenta.

El sujeto, le perseguía astuta y sutilmente, como si fuera algún gato cuyas patas silenciosas al mover no perturban ni al sonido y ni al silencio. Saltando de terraza en terraza, en cornisa en cornisa, manteniendo un equilibrio impresionante, firme a cada paso y seguro en su propósito.
Finalmente, los dos, en distinta altura y espacio, llegaron al mismo destino, a las afueras de las murallas en unas de las chozas marcadas por el asedio de hace unas semanas.
El ladrón, aviso encendiendo una antorcha.
El sicario y su perseguidor, se escondió en uno de los matorrales de la zona, apunto y listo para presenciar los siguientes acontecimientos.

.- ¿Lo tenéis? (Dijo una voz femenina de lo que parecía ser un hombre bien armado, un caballero de la cruzada.  En sus manos, un anillo  con un símbolo muy curioso y encima de los guantes de cuero.)
.- ¡Si!, (Contesto el ladrón, sorprendido por la voz femenina) mi señor, no ha sido fácil despistar a los guardas del santo sepulcro. He perdido a tres de mis compañeros en vuestra empresa “sire”. Exijo que la suma de este propósito se ascienda a 6 bolsas..
La mujer, sonrió.
La reunión se puso tensa. Los soldados del noble, mostraron sus espadas como lo haría un leon con sus zarpas y colmillos. Dos de ellos empujaron al ladrón contra una de las paredes en ruinas.
.- ¡Necio! Mostrar respeto a mi señora!.
.- ¡Señor, dejadnos divertirnos con este estúpido!
Los soldados estaban impacientes por despellejar aquel pobre desgraciado. El noble, una mujer alta con cabello rizados y vestida como un noble caballero, se acerco a la altura del rostro del ladrón. Este a provecho a defender su propuesta.

.- Las familias sire, las familias de mis compañeros…
.- ¿Qué les pasa?
.- El oro, será para sus mujeres e hijos,… (decía con cierto aire de disculpa).
.- “Pazzo”, “Pazzo”,  “Pazzo”…. ¿y que hay de todos esos deseos?... ¿jmmm?, ¿de llegar a ser un señor de hombres y de largas y extensas tierras de la Toscana?...
Aquella mujer, desprendía un aura de sensualidad y persuasión. Era extremadamente bella. Su voz, tan femenina, hacia olvidar los sagrados votos de cualquier hombre ante el altar y su mujer, un erotismo en su mirada que radicaba al mas noble de los mortales su mas preciada nobleza y lealtad. Ella era la esencia del apetito sexual de cualquier varón, que fuera capaz de contemplar el embrujo de su mirada, como la luna llena y su escenario la noche, que reclama su atención a pesar de ser conscientes de su forma y presencia.
Los soldados flaquearon sus esfuerzos, con tan solo un movimiento de aquellos dedos femeninos, en prestar liberación al cuello y pecho del ladrón.
Este, podía respirar y por lo tanto pensar mas detenidamente en sus principales, avariciosos y caprichosos deseos.
.- No supe jamás, que mi cliente fuera una mujer…
.- ¿Entonces? ¿Estáis conmigo? O… (La mirada de ojos azules, parecían mostrar ahora esa oscuridad y de sus propósitos perversos) ¿Contra mi?
Un momento, unos cuantos segundos de raciocinio…
.- ¡Esta bien! Os ayudaré en vuestras futuras empresas… conozco quien puede forjar esto y crear vuestro espejo.
Aquella mujer con armadura ligera, le sonrío.
.- Sabia que podía confiar en vos, Pazzo. Arrodillaos y besad el anillo para conformar vuestra pleitesía. Y todos y cada uno de vuestros deseos serán concedidos. ¡Veneradme, como vuestro dios! Y comenzad una nueva vida llena de gloria.
En su guante, un anillo con el símbolo de “V” con un punto en el medio.
El joven, cerrando sus ojos beso el anillo con firmeza.
.- Ahora servís a los Montfacony y vuestro nombre será reconocido en Italia como  “Pazzi”.

Desde la maleza y especialmente de un arbusto, un rostro fruncía el ceño. Aquel descuido, hizo alertar a los soldados, los cuales no duraron en interceptar al intruso.
La persecución estaba servida.

(Florencia, 1433)
Sir Robert se dirigía  a “la Piazza”, unas de las plazas mas importantes de Florencia.
El vaticano le había proporcionado un carruaje exclusivo para que pudiera moverse con facilidad por las calles  mas peligrosas de la ciudad. Un vehiculo y un compañero: sir “Dan  Montpellier”, caballero al servicio de los estados pontificios, Güelfo y Frances, con 8 criaturas al que alimentar y casado con “Sandra”, la sexta hija de un terrateniente de viñedos cerca de la frontera con Genova. Su dote, fue todo lo que su patrimonio le podía ofrecer al padre de Sandra; un piso en las afueras de la ciudad florentina, en el cual vivían el y su familia, mas todo lo que podía poseer el hijo tercero de una familia francesa y muy considerada en el Languedoc, es decir “nada”. Sin embargo, el padre de Sandra, el cual solo había podido engendrar mujeres, cuando supo que iba a tener un nieto, sus enormes brazos acogieron al joven Dan, como parte de la familia y su nieto, como futuro  descendiente y continuidad de la familia Ralory.

Dan Montpellier, hablaba mucho. Aunque sir Robert, como siempre, estaba en sus asuntos, el joven de 17 años y apuesto francés, no parecía comprender, que su compañero tan solo deseaba pensar y estar tranquilo, descansar un poco de aquel va i ven del carruaje.
Sin embargo su compañero de viaje le importaba mas “el jabalí y sus datiles”.

.- y me dijo mi mujer “¿por que debo macerar toda esta carne en vino tinto?” Yo le respondí “toda carne debe de ser sazonada meticulosamente con los vegetales que nos ofrece la naturaleza; tomillo, Romero, tres hojas de laurel y 4 litros de vino  ¿os lo podéis imaginar?! El ajo lo mezclo con la carne! Cuando todos sabemos que es el último pasó antes de verter el agua y cocerlo todo a fuego lento. El último ingrediente, se deshace en su jugo junto con la aromática carne del animal…
Sir Monpellier, se percató que su compañero hacia rato que había cerrado los ojos. Así que… por fin cerro la boca. No pasaron el primer puente hacia el acceso a la ciudad, cuando le pregunto.
.- ¿Vos tenéis familia sir Robert?
El comandant, abrió los ojos.
.- No.
.- ¿Por qué? Un hombre como vos, no debería estar soltero… conozco a dos doncellas que se quedarían prendadas de vuestros atributos; Joven y con una exitosa carrera.
Sir Robert suspiró de aburrimiento…
.- “Melanie” y “Dania”, “las diosas del amor”
.- Las mencionáis con tanta seguridad,  como si  las hubieseis catado…
.- ¡Oh no!  ¡Santa Madona!, dios sabe que mi lealtad es infranqueable en temas de segundas mujeres. Creedme si os digo que mi saca no suele llegar a fin de mes. Son las hijas del panadero Sebastian, dos gentiles doncellas ansiando encontrar el semental que las desflore.
Sir Robert le miro con una ceja levantada...- ¿y vos sois la viva imagen de la lealtad?-
.- bueno… admito que alguna vez me he fijado en su corpiño ¡pero eso es todo! Ah! Ya hemos llegado!

Los dos soldados al servicio del Papa, caminaban en dirección al tumulto, el lugar donde se encontraban los dos cadáveres. Mientras que caminaban, los que conocían a Dan, lo saludaban como tantas veces.
.- Una noche ajetreada Jampier!
.- Como lo sabéis, sire… mi mujer estuvo de parto toda la noche.
.- No escucharon y ni vieron nada extraño.
.- No señor. Esta noche mis ojos estaban postrados en la vida de mi esposa.
.- Ya van tres, ¿cierto?
.- Si! y no me lo recordéis… mi mujer quiere que vaya a ese curandero para que no tengamos mas hijos.
.- El samaritano?
.- nos le llamamos “el castrato”. No hay suficiente con reventarse el lomo todos los días recogiendo las hortalizas para venderlas en la plaza, para que un día tu mujer te quiera convertir en un eunuco. ¡Ahí  Santa mama!
.- De todas formas, le felicito Jampier.
Los dos siguieron su camino, atravesando la Piazza. En medio encontraron a otra persona. “Adela” la vendedora de telas.
.-  ¡Dan! Y ahí va el más hermoso de todo Florencia.
.- ¡Bon jorno! Adela! ¿Cómo se presenta el día hoy?
.- Aaaa… porca miseria! La gente no tiene ni una sola moneda… mirad este genero… que lastima…
.- Adela? Como pasasteis la noche?
Dan se acerco mas a la señora de aquel tendedero, y la mujer ya mayor le comentó en voz baja…
.- ¿A caso no percibíais  nada en el ambiente? Oh si!... ayer por la tarde en el ocaso, el aire estaba cargado de una cierta humedad…
.- Adela, estamos en Florencia…
.- Lo se… pero cuando es así es cuando ocurren cosas extrañas en la noche…. Tened esta cruz bendecida  por el agua de la pila de la iglesia… “los demonios” acechan esta ciudad desde que los Medici se fueron de Florencia.
.- decidme buena mujer… que visteis en la noche…
La mujer miro hacia ambos lados y en voz baja…
.- Ayer por la noche, decidí quitar la ropa del tendedero, la ropa no se seca bien cuando hay tanta humedad en el ambiente. Mi Andre, no soporta esa picor que le entra, cuando su camisa no esta seca del todo y mas, cuando se ha secado con esa misma humedad. Señor… pude verlo!
.- a quien?
.- A el!... por supuesto!
.- decidme ¿Cómo iba vestido?
La mujer se santiguo y beso su cruz, una medalla colgada en el cuello.
.- ¡A la Muerte! ¡santa María!... aquella imagen no se a borrado de mi cabeza… llevo toda la mañana pensando en eso… creo ¡que nos observa!. ¡en la penumbra! ¡Agazapado!...

Sir Robert, miraba aquella mujer mientras que seguía su camino tras haber tenido aquella escueta reunión. Sus confesiones era abrumadoras. ¿Quién era aquel sujeto que había perturbado la mente de la vendedora de telas?
Seguidamente, prosiguieron su camino hacia el tumulto.

.- ¡Los muertos, sire!, ¡los pecados de la carne!...
.- ¡Arno!, ¿Qué tal? Os veo preocupado… ¿como van los dolores de espalda?
El viejo Arno, el cuenta cuentos de la Piazza. Ex -soldado
Al servicio del rey de Nápoles y sin nada para llevarse a la boca. Ateo y joven cuando estuvo en campaña, viejo y creyente como tantos  mercenarios  en la plaza, hombres viejos y lisiados, los supervivientes de tantas contiendas y leales servidores a su patria, “los abandonados” como decía Montpellier.
.- “Los muertos” vienen a cobrar lo que les fue arrebatado en vida. “Todos estamos malditos” (Dijo el hombre, enfocando sus pupilas al inmenso cielo, como lo haría un ser humano con un pie en el otro mundo. Mas seco que un palillo, cuyo cuerpo tan solo se podía percibir por las rasgadas vestiduras del antiguo uniforme de infantería, harapos que habían perdido el color a causa de las inclemencias del tiempo, cabellos grises y desaliñados, de mirada taciturna y cansada. Como si ansiara la muerte en cualquier instante, “Arno” conspiraba en silencio con sus palabras y el temblar de sus dedos)
El comandant, le miro con atención. Aquel “loco” parecía ser mas consciente de lo que pasaba en aquella ciudad que cualquier otro. .- ¿Por qué decís eso?.-
.- Mi señor, reconozco a un semejante a cuatro leguas, creedme si les digo, que desde que la familia de los buen Medici fueron desterrados de esta ciudad, los demonios asolan Florencia y a sus ciudadanos.
.- Pudisteis ver algo a noche? (Dijo Montpellier)
.- No, por supuesto que no! Soy viejo pero no estúpido. Nadie posee el suficiente valor para surcar las calles de esta endemoniada ciudad en plena noche…. Los oscuros rincones suelen ser el lugar mas ansiado por los depredadores. Sin embargo he visto lo que le han hecho al joven Andre de los Pazzi.
.- ¿Andre? ¿el pequeño Andre? (Dijo Montpellier muy sorprendido)
.- Si sire… y se lo tiene bien merecido su padre. Sin embargo que dios le acoja en su seno…. duele saber que  siempre son las personas mas gentiles las que pagan los actos de los malvados.
Sir Robert, cuando escucho “Pazzi”, comenzó a pensar… ¿Dónde había oído ese nombre?
.- ¿Qué hizo el padre de Andre? ¿Por qué crees que ha sido un ajuste de cuentas?
Aquel pobre hombre se le acerco a sir Robert hasta tener su nariz frente a la suya. Sus ojos se movieron y bajaron para contemplar la mirada del joven comandant. Como si supiera de su procedencia, o supiese la verdadera identidad de sir Robert, una mirada que atravesaba como una flecha la bruma de la mañana. De soldado a soldado.
.- “todos estamos malditos”… “ellos lo saben”.-
En aquel momento, sir Robert, temía que digiera alguna estupidez que le pusiera en peligro, pero aquellas palabras y la forma en como lo decía, parecía saber quien era realmente sir Robert de Agramunt. Sin embargo, una vez dicho lo que tenía que decir, y sin sentido alguno, el pobre hombre siguió caminando con sus palabras silenciosas y moviendo los labios para si mismo, solo y como una alma en pena.

Montpellier, le aviso  “que no tenía remedio” con el movimiento de su cabeza. Después, sin decir nada, le cogió del brazo para que pudieran seguir su camino hasta el tumulto. Había mucho por hacer.
.- “La guerra” messier… no perdona a nadie. Ansiada por los mas jóvenes, creen que pueden convertirse en héroes y llenarse los bolsillos de monedas de oro. Sin embargo una vez en el frente todo el valor se reduce a una realidad sin retorno. Lo se, yo fui uno de esos. (decía Montpellier, mientras que cuatro niños jugueteaban en la plaza) lleno de esperanza y grandeza… tendríais que haber visto, como mis amigos de la infancia reclamaban con toda ansia poseer una espada en sus manos o la ilusión cuando los armeros nos entregaron los escudos y las picas… parecían que nuestros ojos se iluminaban como antorchas en la noche. (En ese instante se paro…) Sir Robert ¿habéis estado alguna vez en primera línea? No os lo deseo… las historias de guerra a menudo se olvidan de lo que les pasa a los primeros en presenciar a sus contrincantes… oh si… he visto como muchos se daban media vuelta y salían corriendo como si tuvieran delante  una manada de demonios . ¿Sabéis lo que hacen con los que huyen de terror en el frente? Dos líneas de soldados en vanguardia y una línea de arqueros en retaguardia… todos creíamos que eran para defendernos en pleno campo de batalla. ¡Necios! Un chico de 14 años de edad, no entiende de esas cosas y no piensa que los arqueros nunca se ponen tan cerca de la primera línea.
.- Algo se sobre eso…
.- Pude contemplar como todos ellos lloraban al ver que no pertenecían a nadie sir Robert, unos se meaban encima al ver que sus amigos de toda la vida eran masacrados por la misma infantería y sus arqueros en retaguardia. Después, los que quedábamos vivos, teníamos que lidiar con toda una horda de soldados muchos mas experimentados que nosotros. Aun no se como pude salir con vida de aquella carnicería. Al cabo de unos días, me pusieron en una guarnición más apartada del enfrentamiento y uno de los soldados pedía dios que murieran todos los de la primera línea. ¿sabéis por que?
.- Puedo imaginarlo…
.- Los cuerpos sirven como barrera... todos ellos sacrificados por el bien de toda la guarnición de retaguardia. Espantoso. Así que, cuando veo Arne, comprendo su sufrimiento mas que nadie en este mundo.

Montpellier y sir Robert, habían llegado al lugar del crimen: una doncella terroríficamente asesinada y posada de rodillas, como si  el asesino no tuviera una pizca de humildad, la joven tenia las orbitas del los ojos vacías y la mandíbula completamente deformada, como si fuera en si misma un espectro congelado por el tiempo. Monpellier, no podía mirarlo y retrocedió junto con los soldados que mantenían a raya a la muchedumbre.
 Sir Robert, acostumbrado a presenciar todo tipo de calamidades, se quedo mirando a la victima cara a cara. Después, pudo contemplar una especie de dardo en su cuello. Cogió esa aguja, fina y alargada y la olfateo.
Su olor era dulce y familiar.
Después, cogió las manos de la doncella y le miró las palmas. En ellas una especie de curiosa señal, como si hubiese sido marcada por el destino.
Sir Robert, en aquel momento comenzó a recordar un acontecimiento que ocurrió hace mucho tiempo en oriente. Aquel símbolo le era muy familiar, al igual que aquel olor tan dulce del veneno de la victima.

Intentó concentrarse, pero en aquel instante un hueste de soldados se aproximo hacia el. Era el padre del joven Piero de Pazzi, que venia a recoger el cadáver de su amado hijo Andre di Pazzi.