sábado, 20 de junio de 2015

HISTORIA I "La reina de la lluvia" Capitulo 16 "Alimañas"

       


 “Alimañas”

( Complejo Hospital Santa Maria)
 El acceso principal hacia el claustro estaba cerrado. Un muro, colosal y cuyas maderas viejas ensambladas con tachuelas y enormes bisagras doradas, los había dejado incomunicados con el exterior. Uno de esos portones, similar a los accesos de los antiguos castillos medievales, cuya empalizada se cerraba de manera verticalmente abatible para defenderse de las posibles incursiones y ataques de los enemigos, la puerta del claustro, era como  si hubiese estado entre dos muros durante todo ese tiempo y al accionarse algún tipo de mecanismo, esta se hubiese deslizado formando parte de todo el perímetro del mausoleo persa.
Jordi, observaba aquel enorme muro desde el centro del claustro, sorprendido y muy asustado. No había salida. Un sentimiento de agobio comenzó a recorrer por el cuerpo, intranquilidad por aquella inesperada sorpresa en plena madrugada, desazón por no saber que hacer en ese mismo instante. Aquella situación le provocaba ansiedad.
Los recursos para poder estar allí eran francamente escasos: 20 litros de agua potable de garrafas de 5l, cuatro cajas de distintos tipos de comida en conserva y entre ellos sobres de sopa instantánea, dos neveras de camping con embutido embasado al vacío, 6 paquetes de magdalenas y una caja de cereales de aquellos que hacen mantener la figura: libre de grasas y con copos de diversas frutas, un paquete de esos vinos baratos de tetabrike, chocolate, y por supuesto, café: mucho café. De todo ese inventario, tan solo quedaba comida para un par de días más.
Cuando decidieron estar allí, jamás se les paso por la cabeza, que su estancia en el interior del mausoleo iba a ser perpetua. Nadie sabia que estaban allí, ni si quiera el recepcionista de la estación de servicio a 20 km del lugar, ni una pareja de mossos de escuadra, que habían visto tras cruzar un desvío hacia Terrassa cuando Sussi y Jordi se dirigían al complejo del sanatorio
Si, estaban ¡jodidamente atrapados!.

.- Tenemos que llevar a Juan al hospital, no se encuentra bien… (Dijo Sussi, mientras salía sin pantalones y con una camiseta de Juan que le llegaba hasta los muslos. Sin embargo, se quedo con la boca abierta al ver aquella enorme puerta franqueando el acceso y salida de aquel lugar)…¿pero?..
.- Si… “Ta chaaan”  ¡estamos jodidos!
Sussi se acerco un poco mas al muro, mientras que Jordi no para de quejarse como un niño pequeño ¿Qué podía pesar aquello? ¿2 toneladas?. Cuando estaba delante de aquella cosa, pudo comprender por que se había escuchado ese ruido tan molesto.
.- Seguro que debe haber algún mecanismo de seguridad por algún lado.
.- ¡Vamos Sussi! ¿no lo dirás en serio? Quien construyo esto, lo hizo para encerrar algo, no para entrar y salir cuando le pareciera…
Sussi miro a Jordi.- Pues… ¡No pienso quedarme aquí!
.- Te aseguro que yo tampoco…
.- Pues… ¡piensa!... ¡Joder!
Jordi y Sussi observaban aquella puerta y sus decoraciones doradas, una bella obra de ebanistería con detalles cincelados, formas vegetales similares a los motivos escultóricos de los celtas y en el centro, el símbolo otra vez de la “V” con un punto en el medio. Los dos miraban en los laterales e intentaban mover alguna que otra baldosa, querían encontrar el mecanismo de apertura. Pero nada de nada… como si fuera una trampa para ratones de experimentos, aquellas paredes se presentaban libres y con las manos bien limpias. La situación, se ponía tensa.

En aquel instante, unos extraños sonidos se comenzaron a escuchar, era como si una manada de antílopes  estuvieran corriendo fuera del recinto y en el interior de la caverna. Lo más terrorífico de todo: también se escuchaba por las paredes, como si aquellas cosas pudiesen agarrarse a los muros de piedra y transcurrir en vertical como si fuese un gran grupo de monos recorriendo a varias direcciones por las paredes exteriores…
Sussi se acerco más a Jordi. Una incertidumbre comenzó a apoderarse de ellos dos. ¿Qué era eso? Aquellas miles de pisadas, hacían temblar hasta los cimientos, incluso la arena entre los ladrillos de contención acumulada por el tiempo comenzaba a caer al suelo. ¿Qué estaba pasando?
Corrían y paraban, después volvían a correr, de una forma descompasada.
De repente! Un silencio. Típica calma que reclama a la tormenta. Los dos se encontraban junto a la puerta de acceso, espalda contra muro y atentos a lo inesperado. Y entonces… Jordi cogió a Sussi atrayéndola hacia  su pecho. Le tapa la boca para que no gritase. Ella le mira a el extrañada y este le contesta con un gesto y mirada enfocada: Allí, en una de las vertientes de la techumbre del patio había una especie de bestia delgada y de finas extremidades, sin cabellos y de piel tan blanca como la luna, con un rostro muy peculiar que asustaba de su terrible deformidad y diferencia. Los ojos de Sussi, no podían creer lo que estaban viendo. Aquellos ojos azules temblaban llorosos, al presenciar, tan solo, una de esas criaturas. Sussi, empujo hacia atrás aplastando a  Jordi contra el muro. Nunca había sentido una cosa así; las piernas le temblaban como si no tuviera el control de sus emociones. Aquello era “Miedo” en estado puro.

Aquella cosa, sobre una de las gárgolas de piedra, parecía apreciar el aire, como un reflejo en 3d y en piedra olfateando con aquellos dos orificios casi pegados a la frente, estaba buscando algo. Ese tipo de escultura que utilizan las catedrales como drenaje de aguas fluviales, sostenía la criatura más rara y sorprendente del mundo.
No tardaron en aparecer un grupo de esas cosas que, una vez unidos, comenzaron a husmear  el ambiente en busca de alguna presa.

Sussi, miró a la tienda.- ¡Juan!-. dijo como un gruñido entre los dedos de Jordi.

Como si una de esas bestias, la hubiese escuchado telepáticamente, dirigió su mirada a  Sussi. Entonces, sin apreciar claramente de sus intenciones, aquel grupo de alimañas se dispuso actuar. Seguidamente, una horda de esas cosas, saltó desde aquellas alturas con una agilidad impresionante, uno tras otro saltaron como si fuera algo muy habitual. Sussi y Jordi, pudieron apreciar con exactitud y proximidad la verdadera composición y estructura de aquellos seres:
“Patas que recordaban a las extremidades de un animal  ya extinguido  hace 70 millones  es decir las patas de un velociraptor”, con un espolón en cada pata y detrás de la espinilla, delgadas y huesudas con unas uñas en los pies como las garras de un tigre, escamadas y grisáceas. El torso, dejaba ver una infinidad de músculos, cuyas abdominales abarcaban todo el abdomen hasta llegar al cuello. Una criatura de 1,50m de alto y con una extraña cabeza: ojos negros como la noche, grandes y brillantes. La boca, la parte mas tenebrosa de aquel individuo era vertical, con dos orificios en la parte superior como nariz y una barbilla bastante pronunciada.” De todo el grupo, había uno que destacaba por un sinuoso detalle en su cabellera: una cresta de diversos espolones y cuernos tras la coronilla. Todos, parecían brillar con la tenue luz de la luna, un sudor que desprendía un hedor tremendamente repugnante.

Los  temores de Sussi, era que su plato favorito fuese la carne humana, ya que de esas bocas dejaban salir aquella “baba” al contemplarlos a ella y a Jordi. El otro, era que también se habían dado cuenta de  la persona que estaba en el interior de la tienda de campaña, es decir a Juan. A esas alimañas, les debió parecer más interesante la tienda de campaña, ya que, rápidamente, no dudaron en acercarse en donde Sussi había dejado a Juan.
Pero ¡en ese momento! cuando estaban a punto de saquear la tienda, a Sussi se le escapo un sonido de negación. Al parecer, aquellos diablillos, vieron mas lucrativo la pareja que estaba junto al muro, acurrucados, juntos, y apestando a miedo, que la figura de Juan que estaba en el suelo donde Sussi lo había dejado.
Aquellos ojos negros de fijaron en Sussi, como si las tinieblas se hubiesen percatado de su existencia.
Aquellas cosas y agazapadas, comenzaron acercarse lentamente, como si fuera una jauría de llenas rodeando a un antílope.
La miraban con cierto apetito, como si las miradas pudiesen catar a distancia. Las bocas, pronto dejaron ver esos dos colmillos delanteros y en la parte inferior de sus mandíbulas gobernadas por infinitos dientes afilados.
El miedo de los dos, se palpaba en el ambiente, los poros de la piel desprendían una fragancia que excitaba aquellos intrusos.
 Los tenían delante, a dos metros de distancia.
Sussi, pudo verse reflejada en aquellas esferas negras que la contemplaban con deseo.
 ¡Y entonces!...

¡Un trueno! Un disparo seguido de cierto olor a pólvora quemada. Tras el  humo, un cañón de  un “Cold pyhton” apuntaba  aquellas endemoniadas alimañas. Juan, comenzó a disparar por doquier, reventando cabezas a diestro y siniestro. Las paredes, se impregnaban de un liquido verdoso y amarillento.
Aquellas cosas con patas, salían por todos los rincones, saltando al claustro como gotas de lluvia, las huestes comenzaron a rodea a Juan. Estaba completamente rodeado.
Y en el furor de la campaña, cuando toda la suerte parecía perdida, aquellas cosas desaparecieron sin dejar rastro. En un tiempo record y breve, similar a un parpadeo. Todos aquellos individuos habían desaparecido, las manchas en las paredes, los cuerpos esparcidos por todo el suelo, ya no estaban. Las balas habían llegado hasta los muros de piedra fragmentándolos por el impacto del proyectil, como si toda acción hubiese transcurrido de forma distinta, Juan y a lo que había disparado, simplemente: “no existía”.
Los tres se quedaron mirándose entre ellos.
¿Qué estaba pasando?
¿Todo lo habían imaginado?
Tan solo había algo  en todo esto que era jodidamente real: la salida, estaba tapiada. El resto, era como si los tres hubiesen caido bajos los efectos de la deshidratación, la misma sensación que cuando uno se pierde en medio del desierto y cree ver un oasis.

Aquel café caliente caía placidamente en el interior de la taza blanca de Juan. Seguidamente, deja la jarra egoístamente en la placa caliente y  sin servir a nadie se dispuso a deleitarse con un sorbo.
Sussi contemplaba a Juan, como dedicaba su tiempo en preparase el café; como si estuviera solo. ¿En serio? ¿No se acordaba que hace unos minutos habían estado juntos haciendo el amor? Lo miraba molesta.
Jordi, hablaba de las posibles hipótesis de lo que había pasado esa noche: “la conspiración humana y sus supuestos misterios”, “lo que nos ocultan los altos regentes de la sociedad”…
Sussi, escuchaba a Jordi en segundo plano, mientras miraba a Juan, como ese tipo de miradas con una sugerente pregunta ¿Qué, no me vas a decir nada?
Juan actuaba como si se hubiese levantado de la cama en plena madrugada, es decir “como si no hubiese pasado nada”.
Jordi, seguía con lo suyo…
Sussi seguía mirando a Juan, y de cómo se preparaba su piti. Ella estaba apunto de estallar.

¡De repente! Un golpe en la mesa. Tal fue el impacto que  el cigarro medio liado de Juan se cayo al suelo.
.- ¡Que Juan! (dijo con rabia Sussi. Y después controlando su ira..) ¿Qué demonios te pasa?
Jordi que seguía con lo mismo y hablando solo en la mesa, se quedo en  “… y los anunakis…”. La reacción  molesta de Sussi, izo que se callase por fin. Este se dio cuenta de que nadie le había estado escuchando desde el principio.
La misma pregunta “¿Qué demonios pasa?” se la hizo Jordi para si mismo. Era cierto, últimamente los tres se comportaban de una manera “rara” y muy sospechosa…
Sussi prosiguió….- ¡Desde que nos has dejado plantados allá arriba, no nos as dirigido la palabra!... mirando a Jordi de esa forma, y ¡lo que mas me molesta de todo! ¿Por que tienes la mano en el pecho? ¡Háblanos! ¿Qué.. te… pasa?

El silencio gobernó aquella mesa de camping, durante un minuto. Juan no sabia que contestar. Era cierto, desde que había entrado en aquel mausoleo, el dolor en su pecho había ido creciendo. No quería que ellos se preocuparan de ello. Aquel pequeño lapsus de tiempo, le había permitido pensar en lo que había pasado por la tarde. Sin duda, Sussi y como siempre, tenia toda la razón. Sin embargo, no supo que contestar.
A Sussi, le basto por el momento, aquel silencio y sobretodo aquella mirada dulce de Juan, como si confirmase todo eso y al mismo tiempo comprendiera que ni “el” sabia lo que estaba pasando.
La mano de Juan, que estaba debajo de la mesa, estaba temblando como si este padeciera algún tipo de enfermedad. Aquel síntoma de Parkinson, en su mano izquierda, se lo estaba ocultando a sus dos compañeros.
¿Qué estaba pasando?